Actualmente el mundo está desarrollándose en un período “post pandemia” y existe una percepción de que en el año 2022 y 2023 se está presentando una “recuperación económica” después del COVID-19, sin embargo, la pandemia nos ha dejado con una serie de efectos secundarios a nivel de salud pública y de carácter económico. Así lo expresa Saadia Zahidi en el prefacio del informe The Global Risks Report 2023 “Las emisiones de carbono han aumentado a medida que la economía global se disparó de nuevo, los alimentos y la energía se han convertido en armas por la guerra en Ucrania, lo que ha elevado la inflación a niveles no vistos en décadas, globalizando una crisis del costo de la vida y alimentando el malestar social.”
Este contexto global nos lleva a analizar riesgos de manera diferente, debido a que el entorno está marcado por una volatilidad consistente, existencia de crisis, fragmentación económica y tecnológica, una realidad geopolítica compleja, problemáticas socioeconómicas emergentes, polarización, crecimiento incierto, catástrofes naturales, cambio climático, nuevos factores que afectan la salud humana, incertidumbre frente a la seguridad digital, bajo crecimiento, baja en inversión, entre otras, éstas son dinámicas que afectan la resiliencia y la habilidad de las empresas para ser sostenibles ante los “shocks” del entorno. Hoy más que nunca vemos los efectos (positivos y negativos) de un mundo interconectado, y así mismo vemos tendencias similares en los riesgos, mayor interdependencia entre ellos, mayor incertidumbre para su evaluación, necesidad de implementar métodos de análisis más precisos, evolución acelerada en el tiempo, efectos interconectados, riesgos emergentes, existencia de nuevas relaciones entre riesgos, más turbulencia e incertidumbre.
En síntesis, este panorama reta a las empresas a preguntarse ¿Qué capacidades nuevas deben desarrollar para prepararse para identificar y evaluar riesgos de manera oportuna y además dar manejo a los mismos cuando se materialicen? La Gestión Integral de Riesgos (GIR), es la herramienta principal de las empresas para desarrollar estas nuevas capacidades requeridas, sin embargo, esta disciplina enfrenta actualmente nuevas oportunidades y desafíos para responder al entorno, crear valor y alcanzar niveles de desempeño más altos, es claro que hay que evolucionar, hay que cambiar cómo las organizaciones responden a los riesgos y cómo los gestionan.
En materia de tecnología, los desarrollos en inteligencia artificial (IA), el análisis de riesgos basado en información y con acceso a grandes volúmenes de datos y el uso de herramientas de analítica, hacen parte de las nuevas tendencias para analizar riesgos, así como la implementación de sistemas de información de Gobierno, Riesgo, Cumplimiento (tipo GRC) y una mayor automatización y digitalización de la información.
La resiliencia y la continuidad de negocio también toman su lugar como disciplinas importantes en la actualidad, dado que las empresas y los gobiernos han aceptado que es inminente la materialización de algunos riesgos y por tanto el éxito está en saber anticipar estos eventos, prepararse adecuadamente y activar oportunamente los mecanismos de contingencia y recuperación.
Hoy la innovación también hace parte de los elementos base de la GIR, por ejemplo, en materia de transferencia y retención de riesgos, se observa una evolución en ampliación de alcance y aplicación de instrumentos como seguros, contratos, derivados financieros o inclusive el desarrollo de nuevos mecanismos para protegerse ante un nuevo espectro de riesgos como ciberataques, variabilidad climática, riesgo geopolítico, riesgo político, entre otros.