Frijolito


Frijolito, crónica de barrio

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En el filo de la plataforma un cuerpo grueso permanece rígido, su misión: caer en el costado elevado de una báscula que hace las veces de “mataculín”. Abajo en las gradas, los ojos de Frijolito hacen un paneo por el centro del óvalo rojo, impávidos, se concentra en el hombre sentado en el otro extremo de la báscula.


Nota las amarras que cuñan sus pies flacos a unos zancos donde la distancia de la base al suelo, según sus cálculos, es de 1.50m. Sus ojos siguen un recorrido vertical. Nota los visos que se desprenden de los pantalones cortos color oro, de material lame. Le parece apenas lógico que el rostro de este zanquero suicida estuviese en serio; es decir, sin un rastro de maquillaje. Semejante acto amerita que no se olvide su rostro.


El sonido agudo de un timbre que anunciaba el inicio del acto hizo que la cabeza de Frijolito girara, volviendo al cuerpo de la plataforma quien dio 6 pasos atrás y seguido de un grito seco corrió por la plataforma, impulsándose hacia arriba en el vértice. Un vuelo calculado para caer en el costado elevado del “mataculín”. Y así fue. Su peso sumado a la energía del vuelo levantó el otro costado. El zanquero entonces, voló.


Frijolito se llevó las manos al pecho. Sus ojos se aguaron. Por primera vez en su vida iba a corroborar que lo que le contaron a la edad de 18 años era cierto y que lo desveló muchas noches pensando la forma, los movimientos, la caída: el salto mortal en zancos.


Y mientras el zanquero volaba, la cabeza de Frijolito se llenó de recuerdos. De golpe se vio a la edad de 9 años en frente de su padre, mojado los pantalones por el pánico. La pela a punta de rejo por haberse retrasado en un mandado lo dejó 8 días en cama. Días en que planeó su escapada; la cual no tendría retorno.


Frijolito partió a las 4 de la madrugada de Pensilvania, municipio al oriente de Caldas rumbo a Manizales, en busca de su hermana.


Allí se topó con una función del Circo Victoria. La magia, los cómicos y los zancos lo dejaron lelo, tanto que pidió trabajo para estar cerca. Lo ubicaron en el aseo y los mandados. En las noches, luego de las funciones, montado en unos zancos de 2.20m y con una sola luz en el escenario, repetía, fielmente, los parlamentos que su memoria grababa de los cómicos del circo. Con los días, le agregaba gestos, monólogos, pantomimas, imaginaba un lleno total, los aplausos cayendo generosos.


El rumor se regó y varios cómicos del circo se quedaban para verlo. Empezaron a regalarle vestidos, pelucas, zapatos, maquillaje. El circo partió al municipio de Miranda, Frijolito pidió que lo llevaran. “Si un adulto te entrega, te llevamos”, fue la condición. Campo Elías, dueño del restaurante de su hermana, que conocía los gustos de Frijolito pero sobre todo su soledad, no dudo en llevarlo. Ni el afecto ni el talento de Frijolito dieron paso a que le dieran la oportunidad de mostrase ante el público. Frijolito sabía que si le daban la oportunidad tenían que dejarlo; y entonces ¿quién haría los mandados y el aseo? Era su lógica.


A los 15 años viajaría a Pereira a visitar a su familia. El Vernel Brother Circus hacía su debut. No lo dudó y se presentó como Zanquista. “Traiga sus palitos, pa que desfile con nosotros en el paseo”, le dijo Pedro Sánchez, el dueño. El paseo era una caravana por las calles de los pueblos que visitaban, para convocar al público.


Ahí empezaría toda una vida de piruetas, zancos y magia. También en esta época, el nombre de Oswaldo Aristizabal empezó a quedar en el olvido. Ya en la escena debía tener un nombre artístico, nombre que se talló en un restaurante del Valle del Cauca cuando preguntó, como siempre, por sus añorados frijolitos. Y así quedó.


Sus actos recorrían gran parte del país en circos diversos: Los hermanos Monroy, Los Pitolines, Musical Hold Circus, Los Hermanos Guerreros, Nueva Ola Circus.


Su talento llegaría, de igual manera, a la pantalla chica. Junto a Bebé, Tuerquita y Pernito, actuaría en varios capítulos de Animalandia, que animaba Fernando González, “Pacheco”.


En los 90 y con ganas de echar raíces, aunque suene paradójico para un actor de circo, aceptó la invitación de su amigo Spaguetti, fundador de Picardías, quien le mostró un mercado que crecía en Medellín para las fiestas privadas.


En dos maletas echó sus trucos, pelucas, zapatos, maquillaje y una muda. Apenas llegó a la capital antioqueña ya Spaguetti le tenía un par de fiestas y la promesa de seguirle “tirando el anzuelo”. En esta época recuerda haber visitado las fiestas más humildes, donde le tocaba muchas veces donar su trabajo, hasta las más ostentosas. Fiestas de Pablo Escobar y otros narcos que le pagaban mucho más de sus honorarios. Él solo se dedicaba a hacer reír; sin preguntas.


Al año de deambular por residencias del centro de Medellín, escuchó que en la Comuna 8 había una zona por invadir, con una vista preciosa de la ciudad. El descubrimiento la había hecho el payaso Pipí, quién luego de las funciones subía a estas laderas con su media de guarapo y su cigarro de marihuana para reconciliarse, según él, “consigo mismo”.


A la postre serían 7 familias de circo que, mediados por la carreta de Pipí y la necesidad, empezaron a construir sus ranchos de paredes de tabla y techos de zinc.


Familias que se las ingeniaban en las navidades para montar un circo en pleno despeñadero y contagiar de alegría a las decenas de niños que se siguen multiplicando en este barrio del 13 de Noviembre. De aquellas familias hoy solo queda en el barrio Frijolito y Martha Yenet, contorsionista que en su juventud era un referente en el mundo circense.


Los que madrugan los lunes en el 13 de Noviembre, ven pasar a las 5am una GTO roja, desteñida, y atrás amarradas con una soga, 2 maletas a punto de reventar. El frio de la mañana va golpeando el cuerpo de Frijolito quien solo se deja llevar por el camino. Su vida pocas veces tuvo una ruta clara; y aún hoy, con sus 62 años y dos hijas de 7 y 10 años que solo dependen de él ya que fueron abandonadas por su mamá, sigue siendo fiel al azar y a sus corazonadas.


El final de la ruta lo llevará a un colegio de cualquier pueblo para ofrecer sus servicios. Se presenta impecable, con su voz de “pecho alto”, su nobleza, discurso fluido y respetuoso, características que según él, marcan la diferencia entre un cómico y un payaso, y con las evidencias de su trabajo que reposa en videos, fotografías y recortes de diario.


Un promedio de 4 presentaciones logra atinar al mes. 150 mil pesos, negociables, cobra por una hora de magia, pantomima, monólogos y equilibrio. “Aún sostengo en mi mentón una escalera hasta de 4 arrobas y una niña arriba, gordita. Los zancos los he dejado, de a poco, por los años y lo engorroso para cargarlos. Pero a mí nada me quedaba grande en los palos. En mi vida solo me faltó hacer el salto mortal; pero lo vi, y fue un momento cumbre en mi vida”.


De ahí que aquella noche del año 2013, cuando el zanquero volaba, enrollando su cuerpo, trastabillando al caer, intentando mantener sus palos firmes luego de un brusco choque contra el piso, sintió que toda su vida podría justificarse por ese momento. Le agradeció entonces al azar, su mejor aliado, por ponerlo enfrente de un circo, a la edad de 9 años, justo cuando la soledad empezaba a llevarse su sonrisa.


Contacto de Oswaldo Aristizabal, "Frijolito": 3165065337

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