Colombia enfrenta hoy un escenario de presión sobre su sistema eléctrico. No es una crisis de la noche a la mañana; es el resultado de tendencias estructurales que se vienen acumulando y que el fenómeno de El Niño 2026-2027, que se anticipa con alta probabilidad, podría intensificar.
Uno de los factores más relevantes es el crecimiento acelerado de la demanda de energía. En términos sencillos: cada vez más colombianos y más empresas consumen más electricidad, y el sistema de generación no ha crecido al mismo ritmo. En mayo de 2026, Col ombia registró la demanda diaria más alta de su historia: 261 GWh/día, cifra que supera la proyección con la que se diseñaron las subastas de energía más recientes (253 GWh/día). Esto significa que el país necesita más energía de la que se planeó producir, lo que estrecha el margen entre lo que se genera y lo que se consume.
Hace 20 años, los embalses del país nos daban autonomía para atender la demanda durante 89 días seguidos en épocas de sequía. En los últimos 5 años, ese indicador ha caído a 61 días. La autonomía del sistema se ha reducido en cerca de un 30 % , mientras el consumo de energía no para de crecer.
Solo el 6,5 % de la nueva generación esperada para 2026 ha entrado en operación, es decir, 291 MW de 4.475 MW proyectados. En 6 años, el ingreso no supera el 28 %. Por otro lado, el 16 % de las plantas solares fueron retiradas en 2025 por no superar prueba s técnicas, lo que equivale a 1.534 MW sin cumplimiento.
A esto se suma que los proyectos del Sistema de Transmisión Nacional (STN) — las grandes autopistas por las que viaja la electricidad — presentan un atraso promedio de 50,3 meses. En consecuencia, esto limita la oportunidad y capacidad con la que la energía puede llegar a los territorios que la requieren.